Calibrando el molinillo
Hay un momento bastante habitual en el camino del espresso en el que algo no termina de cerrar. La cafetera es buena, el molino es bueno, el café promete… y sin embargo, en la taza falta claridad. No está mal, pero tampoco enamora. No hay equilibrio, no hay identidad, no hay esa sensación de “esto es lo que tenía que ser”.
En la mayoría de los casos, ese punto de inflexión no tiene que ver con cambiar de equipo ni de café, sino con entender y dominar la calibración. No como un ajuste mecánico, sino como un proceso de lectura, interpretación y decisión.
Esta guía está pensada para eso: para ir más allá del instructivo, y entrar en la lógica real del espresso bien hecho. Especialmente cuando se trabaja con máquinas y molinos de alta gama como ECM, donde el equipo ya no es la limitación y todo pasa por cómo se lo utiliza.